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El día más esperado por todos y todas había llegado. Después de este partido, el torneo U-18 2017 de Liga 10 sería historia y solo un equipo podría decir que fue el mejor de todos.

En la previa al juego, BCA cantaba y su gente bailaba, la afición se movía y disfrutaba al ritmo de su música, pero los jugadores, también dentro del campo de juego, entraban en calor y no había forma de que se desconcentraran. Lo único que tenían en la cabeza era la pelota y uno de los partidos más importantes de sus vidas, si no el más. Imposible no destacar que en las tribunas había gente como nunca antes a lo largo del torneo. Realmente, el ambiente previo al pitazo inicial era digno de una Super Final.

Para llegar al gran día, cada uno había utilizado distintas formas. Uno había sido el más regular de todos, San Agustín, mientras que Brader había ido de menos a más. Los dos iban a jugar el partido más importante del torneo y cualquier cosa podría pasar. Sonó el himno, siempre emocionante. Aparecieron los fuegos de artificio y los niños alucinaron. El delantero de la Selección, Gabriel Torres, se hizo presente, saludó a los capitanes y dio el puntapié inicial. Todo estaba listo. Y empezó el partido.

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El objetivo de Brader quedó bien claro desde el arranque: presionar todo lo posible la salida de San Agustín sin perder el orden en la parte defensiva. Pero el fútbol tiene esas cosas que a veces no tienen explicación: a los tres minutos, con un tiro libre de más de 30 metros, Gianluca Calvosa sorprendió a propios, extraños, y al mismo arquero Juan Coiduras, y gritó el primer gol del partido. Un tiro libre que no debería haber ocasionado gran peligro era el responsable de que rápidamente se escuchara y observara el primer festejo. Un festejo a lo Paulo Dybala que ya era una marca registrada en un número 7 que había sido la gran figura en semifinales y que no quería quedarse atrás en la gran final. Brader lo estaba ganando 1 a 0. ¿Cómo respondería San Agustín al duro golpe de los primeros minutos? Esa era la gran pregunta.

San Agustín no se iba a olvidar tan fácil de todo lo bueno que había hecho a lo largo del torneo y por eso, desde el minuto diez, se empezó a jugar en territorio de Brader. El único que no defendería sería el goleador Calvosa, quien se quedaba arriba esperando alguna contra. Dos minutos después, tras un tiro de esquina, un cabezazo de Raúl Motta se fue cerca del palo izquierdo del arco de José Ramón Chanis. San Agustín avisaba.

Pero Brader tenía claro que no podía desaprovechar sus oportunidades y no iba a hacerlo. Al 16 llegó su segundo gol tras un tiro libre de Calvosa que terminó en la cabeza de un Fidel Reyes que no tuvo más que ubicar la pelota dentro de la portería de Coiduras. La marca no fue buena en los de Ismael Flores, su arquero (de gran torneo) no estaba teniendo su mejor noche, y por eso, para sorpresa de todos, su equipo perdía 2 a 0 en el inicio del partido. Brader, de nuevo, se adelantaba rápidamente en el marcador como había ocurrido en semifinales.

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Al minuto 19, Flores sacó a Coiduras y puso a Héctor Arango en su lugar. El DT de San Agustín empezaba a cambiar sus piezas y arrancaba por su portero. E inmediatamente llegó el tan buscado descuento. Fue a través de su líder y capitán, Rainiero Salas, quien, de tiro libre, remató desde la derecha al primer palo de un Chanis que nada pudo hacer. Iban 20 minutos de juego y la SuperFinal estaba más infartante que nunca. El cuerpo técnico de San Agustín no paraba de pedirle a su afición (gran mayoría en el estadio) que alentara a los suyos, la banda sonaba y realmente se vivía un ambiente digno de un fútbol de primer nivel y gran relevancia para Panamá.

Pasaron 10 minutos y el partido dejó de tener llegadas de peligro sobre las dos porterías. Brader estaba muy bien parado en su campo y San Agustín no veía por dónde generar. Al 30, hubo un pequeño encontronazo entre Salas y Batinovich que no pasó a mayores. El árbitro estaba muy bien ubicado y logró controlar la situación sin problemas. Esto demostraba que la tensión era continúa y ninguno quería perder este encuentro. Al 31 llegó, después de varios minutos, un disparo a portería: fue de Luis Ramos para San Agustín. Chanis no tuvo problemas en quedarse con el balón. Así terminaba un primer tiempo muy parejo, cerrado y con tres goles. Brader le ganaba 2 a 1 a San Agustín y ambos prometían mucho más para la segunda parte.

El segundo tiempo empezaría con un San Agustín que salió con todo a por el empate. Brader solo encontraba en pelotazos la forma de alejar el balón de su campo y le costaba mucho robarle la pelota al rival. Al 41, tras una serie de rebotes, el esférico le quedó servida a Jacinto Alain frente al arco, pero su disparo de zurda se fue muy cerca del palo izquierdo de Chanis. Era un nuevo aviso y parecía que esta vez el empate estaba al caer. Al 43, Salas volvió a intentar de tiro libre pero la pelota se fue algo elevada. Ismael Flores caminaba de un lado al otro y su ayudante lo vivía con mucha intensidad: metía cambios; alentaba a sus jugadores; le protestaba al árbitro con el típico movimiento de brazos; y le pedía al arquero rival que no hiciera tiempo. Por su lado, Juan Carlos García charlaba con Batinovich sobre cómo recuperar un balón que pasaba más tiempo en control del rival y que, ni de casualidad, se acercaba al arco de Arango.

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El partido se empezó a tornar muy físico. Muchos jugadores caían al verde césped y los tiros libres frontales para San Agustín ya eran una constante. De allí, al minuto 50, llegó la oportunidad de oro para Fabián Pérez al encontrarse con un rebote, pero el disparo salió desviado. Los de Flores estaban cerca del empate, pero el tiempo corría y este no llegaba. La presión de una final se sentía en todos los jugadores, los cuerpos técnicos y en la misma afición. Quedaban quince minutos de partido y la ansiedad predominaba en el estadio Maracaná. Los entrenadores no paraban de meter cambios: el desgaste físico y mental de los jugadores era demasiado grande y la gran mayoría necesitaba descansar al menos unos minutos.

Al minuto 65, tras un nuevo tiro libre de Salas, esta vez desde la izquierda,  cabeceó perfectamente y todo San Agustín gritó gol, pero la pelota se fue besando el palo derecho de Chanis. Ese fue el momento en donde muchos pensaron que Brader ya contaba con la suerte del campeón. El juez principal adicionó cinco minutos más a los 70 reglamentarios y el clima que se vivía en el estadio era simplemente espectacular. En el 73, San Agustín lo volvió a perder de cabeza y al 74 nadie entendió por qué la pelota no entró. La suerte estaba sentenciada a favor de Brader. ¡Y lo ganó Brader! ¡Y gritó campeón! Y aunque en el segundo tiempo sufrió, la realidad es que supo plantear el partido desde el minuto uno y aprovechó las pocas oportunidades que tuvo. Esa era la forma de ganarle la final a San Agustín. Y algo muy importante para destacarle al campeón: en ningún momento se mostró mentalmente débil, ni siquiera cuando el rival se mostró ampliamente superior. Eso fue determinante para que el equipo pudiera aguantar los momentos más bravos del partido. Brader no habrá sido el más regular del torneo, pero a partir de cuartos de final ganó siempre y eso es lo que lo decreta como merecedor del título obtenido. Brader es campeón y su gente festeja.

Fuente: liga-10.com